miércoles, 26 de septiembre de 2012

No quiero cualquier Taxi


NO QUIERO CUALQUIER TAXI
En más de alguna ocasión he tenido que utilizar el servicio de un taxi para movilizarme, normalmente buscó una parada, en la cual alguno de los conductores indica que debo tomar el primero de la fila, lo cual, dependiendo del estado del vehículo, trae la problemática de determinar subirse o no, cuando el primero de la fila es un automóvil que realmente, a mi juicio, no debiera estar habilitado para el transporte público.
Hace bastante tiempo este tema de los taxis me había estado dando vueltas, e incluso más de una vez había comenzado a escribir al respecto. Buscando algo de inspiración, me encontré con una noticia del año 2009 de Madrid España, que reproduzco a continuación, puesto me parece refleja algunos de mis pensamientos al respecto:

“La nueva ordenanza que prepara el Ayuntamiento de Madrid no convence a más de un taxista. Esta contempla varias modificaciones del reglamento actual, entre las que se incluye la posibilidad de que el cliente suba al taxi que prefiera (en lugar de tener que coger el primero de la fila). También establece un código de vestimenta para los conductores, así como la renovación obligatoria de los vehículos cada 8 años.
Como siempre, este tipo de medidas son recibidas positivamente por los usuarios, mientras que los profesionales sacan el armamento de guerra. Es lógico que estos defiendan sus posiciones. Sin embargo, los taxistas olvidan que operan en un sector cerrado.
No voy a entrar en el juego fácil de descalificar al colectivo por unos pocos profesionales. Es verdad que hay conductores que timan a sus clientes, que les dan “paseillos turísticos” en lugar de tomar la ruta más corta, que se niegan a coger a una pareja de adolescentes y prefieren llevar a un matrimonio jubilado, etc. Sin embargo, la gran mayoría realizan su trabajo con profesionalidad, en largas jornadas y en condiciones duras en muchos casos.
El fondo de la discusión radica en el hecho de que el taxi es un sector regulado. Es decir, las reglas del juego son diferentes, ya que solo aquellos que poseen una licencia válida pueden dedicarse al transporte de personas. Por mucho que estos profesionales se quejen, esta regulación les protege de competir directamente en el mercado libre. Por tanto, si el ayuntamiento de turno establece unas u otras regulaciones, lo único que queda es aceptar lo dispuesto.
El caso de los taxis me recuerda mucho a la objeción de conciencia de algunos farmaceúticos para negarse a vender determinados medicamentos. Si nos decidimos a crear una empresa dentro de un sector regulado, hay que considerar tanto las ventajas como los inconvenientes. Lo que no podemos pretender es competir con el paraguas del estado, tener unos ingresos relativamente fijos (en muchos casos abundantes) y además querer operar según nuestra santa voluntad.
Dicho esto, los taxistas madrileños deberían ver la medida como un toque de atención para mejorar su servicio. En muchos casos a los usuarios, lo que más nos importa, no es que el vehículo sea un Mercedes o un Skoda, sino “pequeños” detalles como la educación del conductor, el volumen de la radio o la temperatura del aire acondicionado.”
Podría agregar a esta noticia, antigua, el hecho de que la tarifa es la misma entre levantada de Bandera, kilometraje y minutos de espera, no importando la calidad del vehículo y el servicio del conductor. Hay vehículos, y conductores para todos los gustos, o disgustos, el hecho de tener que respetar al primero de la fila, a veces me ha significado perder 15 a 30 minutos esperando que le toque el turno al segundo o al tercero de la fila, la idea básica es acomodarme a la libertad de elegir, total el precio, relativamente será el mismo.
Creo que se debe practicar esta libertad de elección para premiar a quienes mantienen y renuevan sus vehículos, a quienes como cono conductores mantienen un aspecto de limpieza y pulcritud, y que seguramente les ha significado, aparte de buenas costumbres, alguna inversión en la mantención y renovación del rodado. Premiar, a quienes en el servicio, son realmente taxistas, que abren y cierran las puertas, que te ayudan con el equipaje, que respetan las señales del tránsito y que conducen sin ocuparse de su celular.
Una alternativa, que me ha dado algún resultado, es coleccionar las tarjetas de presentación de quienes me han brindado un buen servicio y llamarlos cuando estoy cerca de sus paradas, mientras pacientemente espero que se de libertad para elegir el taxi de la fila y que milagrosamente no se habilite a vehículos cuya vida útil para este tipo de servicio ha terminado hace muchos años.